Recordemos el dato de la primera lección: el 31% de los incidentes
empieza por software sin actualizar, por encima ya de las contraseñas
robadas. Eso significa que la falla era conocida, que el fabricante había publicado
la corrección y que nadie la instaló.
Y aquí está lo incómodo: esa puerta no la abre un atacante. La dejamos abierta
nosotros cada vez que pulsamos «recordármelo más tarde», normalmente con un motivo
razonable -estoy facturando, tengo veinte pestañas abiertas, no quiero reiniciar
ahora-.
Cuando un fabricante publica una corrección, hace pública también
la falla. Desde ese momento cualquiera sabe qué buscar, y hay programas
recorriendo internet en busca de equipos que aún no la hayan instalado. Aplazar no
es quedarse igual: es quedarse peor, porque el problema ya está descrito.
Qué se actualiza, y en qué orden importa
El sistema operativo, en automático
Se deja activado y se elige una hora de reinicio que no
interrumpa. La discusión no es si actualizar, es cuándo reiniciar.
El navegador
Es el programa con el que tocas todo lo de fuera, así que es el
más expuesto. Se actualiza solo, pero necesita que lo cierres
de vez en cuando para terminar.
La página web del negocio y sus complementos
El punto más olvidado: la web hecha hace tres años que nadie
volvió a tocar. Un gestor de contenidos desactualizado es un blanco
automático, y cuando cae se usa para atacar a quien la visita.
El router y los equipos de red
El aparato que dejó el proveedor de internet, con su clave de
fábrica. Se cambia esa clave y se revisa si tiene actualizaciones
pendientes.
Lo que ya no recibe actualizaciones
Un sistema que el fabricante dejó de mantener no se puede
asegurar: sus fallas nuevas no se corrigen nunca. Ahí la decisión es de
presupuesto, no técnica, y conviene tomarla a propósito y no por olvido.
El equipo físico: lo que pasa cuando se pierde
Un portátil olvidado en un taxi no es solo el costo del portátil. Es todo
lo que hay dentro y todas las sesiones que quedaron abiertas.
Dos ajustes lo cambian por completo, y los dos vienen incluidos en el sistema.
Cifrado del disco
Sin él, quien tenga el equipo saca el disco, lo conecta a otro y
lee todo: no le hace falta tu contraseña, porque no va a arrancar tu
sesión.
Con el disco cifrado, ese contenido no se puede leer fuera del equipo.
Windows y macOS lo traen; hay que comprobar que esté activado,
porque no siempre lo está.
Bloqueo de pantalla
Con contraseña y automático a los pocos minutos. Parece trivial y
resuelve el caso más frecuente: no el robo, sino los cinco minutos
en que te levantas del puesto.
Saber qué hay dentro
Si el equipo guarda la única copia de algo, ese algo se pierde con
él. Es el enlace con la lección siguiente: el cifrado protege de que lo lean,
no de que lo pierdas.
La wifi del café: lo que de verdad pasa
Aquí hay que corregir algo que se repitió durante años. La imagen clásica
-alguien en la mesa de al lado leyendo tus contraseñas- describe una web que ya no
existe: hoy prácticamente todos los sitios usan conexión cifrada, y por eso el
contenido de lo que envías no se lee aunque la red sea ajena.
Decirlo importa, porque el consejo exagerado se desmonta solo y se lleva por
delante la credibilidad del resto. Lo que sí sigue siendo cierto es otra cosa, y no
tiene que ver con interceptar: tiene que ver con engañar.
La red gemela
Cualquiera puede crear una red llamada igual que la del sitio donde
estás. Te conectas a la suya creyendo que es la del local, y a partir de ahí
él decide qué ves: puede llevarte a una copia de la página de tu banco o
pedirte que «instales un certificado» para navegar.
El ataque no está en la red, está en lo que te convence de hacer.
El portal que pide datos para darte internet
Esa pantalla que sale al conectarse. Puede pedir el correo, y
también puede pedir la contraseña de una red social «para entrar más
rápido». Ningún portal legítimo necesita eso.
Lo que el cifrado no tapa
El contenido va protegido, pero quien opera la red sí ve
a qué sitios te conectas. Es un asunto de privacidad más que
de seguridad, y es lo que resuelve una VPN de verdad: no te hace invulnerable,
oculta el destino de tu tráfico a la red que estás usando.
Regla práctica en red ajena: navegar sí, instalar no. Si
una red pública te pide instalar algo, aceptar un certificado o iniciar sesión en una
cuenta que no tiene nada que ver con conectarse, ahí se corta. Y si vas a hacer algo
importante, los datos del teléfono son tuyos y son gratis en ese sentido.
¿Verdadero o falso?
Responde mentalmente y toca la tarjeta.
Compruébalo tú mismo
¿Por qué aplazar una actualización deja el equipo peor que antes de que saliera?
La corrección y la descripción del problema se publican
juntas. A partir de ese momento hay programas automáticos buscando equipos
que aún no la tengan.
En una wifi pública, ¿cuál es hoy el riesgo real?
El contenido va cifrado con el sitio, así que la escucha
clásica ya no es el problema. El problema es el engaño: una red que se hace
pasar por la del local y decide qué ves.
Tu portátil, con el disco cifrado, se pierde en un taxi. ¿Qué protege el cifrado?
El cifrado impide que lo lean. No te
devuelve nada: lo que solo existía ahí, se perdió. De eso trata la lección
siguiente.
En la próxima lección
La lección 6 es la que decide si un incidente es un mal día o el fin del
negocio: las copias de seguridad. Qué hace exactamente el ransomware, por qué una
copia conectada al mismo equipo no sirve de nada, y cómo se comprueba que la tuya
funciona antes de necesitarla.